lunes, 28 de enero de 2008

Naturaleza muerta


Al atardecer, los animales se reúnen para el sepelio de Gror, el último ñu de la Sabana. Los mandriles, expertos en despiojamientos y acicalamientos funerarios, han sabido camuflar los tres agujeros cilíndricos en el cuerpo del viejo antílope.

Firia la hiena, desde las filas de atrás, observa los preparativos, mientras recuerda las historias de su abuela sobre mejores tiempos, cuando los humanos con ramas de trueno no venían por allí.

Justo cuando Mlo el elefante se dispone a iniciar el discurso fúnebre y hasta los insectos de la Sabana guardan un respetuoso silencio, Firia suelta una carcajada. Cientos de ojos y ocelos reprobadores se giran hacia ella. Mlo carraspea y, tras unos segundos en los que finge revisar sus notas, comienza el homenaje.

Ñga el chacal, mejor amigo de Firia, inclina el hocico hacia la oreja de su compañera:

–¿Por qué has...?

–Por no llorar, muchacho, por no llorar...

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